Hoy le tocaba a mi padre aguantar una de mis aproximaciones a la paella. Como siempre voy un taxi para ir a su casa, los fines de semana el transporte publico funciona mal. Como casi siempre, me apetece ir hablando, hace unas semanas tuvo con un taxista una de las conversaciones más agradables que he tenido en estos últimos meses. Fuimos hablando del Madrid que no tenía tantos coches, donde la velocidad y rapidez no era lo primero.
Bueno pues hoy ha sido todo lo contrario. El taxista que me ha llevado estaba obsesionado con el Gobierno actual. Hasta el punto de decir que España era la causante de la crisis económica mundial. Los bancos norteamericanos habían caído por las deudas impagadas de los españoles que habían recibido de forma indiscriminada fondos del gobiernos, los pocos que quedaban después de vender todo el oro del Banco de España para poder llegar a la ultimas elecciones ocultando la crisis en la que ya estabamos. Lo de ser la causa de la crisis mundial me llena de orgullo nacionalista un poco equívoco. España no está tan mal cuando es el que provoca la crisis mundial. Algo que ni Japón con su crisis ha sido capaz de hacer. Y el hombre se lo sabía tan bien y lo había repetido tantas veces que no atendía a ninguna de las frases que le intentaba decir: "quizá los bancos norteamericanos también dieron hipotecas basura, quizá lo mezclaron todo y lo vendieron de tal forma que ahora no se sabe que es lo bueno y lo malo". Al hombre le dio lo mismo lo que le dije, terminó diciendo que el problema estaba en el cambio de educación greco-latina anterior a Felipe Gonzalez por el modelo anglosajón que intentó imponer. Aquí ya no se si darle la razón o no. No se si lo que yo estudie estaba relacionada con la paideia griega o la humanitas latinas. No se si lo que se estaba quitando era el modelo clásico. Pero la verdad es que la educación en España ha ido año traas año empeorando notablemente.
En la vuelta, la taxista que me ha tocado, ha sido todavía más dura. Cuando estabamos por la Avenida de Andalucia se vuelve hacia mi y me mira fijamente y me dice que me ponga el cinturón de seguridad. Le digo que ya lo llevo. Ella se queda sorpendida y me dice que no me había visto ponermelo. Luego se ha pasado el viaje contandome anecdotas en las que ella se peleaba con los viajeros que no se querían poner el cinturon o que se lo ponían ellos y dejaban a los hijos sin ponerselo. Creo que las mujeres no deben ser taxistas. No es por nada. Su caracter no es para este tipo de trabajo tan peculiar.
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3 comentarios:
:-)
yo estoy de acuerdo con el primer taxista... bueno y con la chica
Con el primer taxista no pase miedo con la segunda sí. Me veía como el protagonista de Misery, secuentrado por una desquiciada taxista obsesionada con que tuviera todo el día puesto el cinturon de seguridad.
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